La microbiota influye en inflamación, defensas y señales hacia el cerebro. No es magia: es biología.
Hablar de salud mental ya no es solo hablar del cerebro. Cada vez hay más discusión pública sobre el llamado eje intestino–cerebro: una comunicación de ida y vuelta entre el sistema digestivo y el sistema nervioso que puede influir en cómo nos sentimos, dormimos o reaccionamos al estrés.
En el espacio de Martha Debayle, el neuropsiquiatra Pablo León explica que la microbiota intestinal (los microorganismos que viven en el intestino) se relaciona con depresión, ansiedad y otros trastornos, especialmente cuando hay desequilibrios alimentarios o inflamación persistente.
Claves del caso
- La microbiota participa en funciones metabólicas e inmunes del cuerpo.
- El intestino y el cerebro se comunican por vías nerviosas, endocrinas e inmunitarias.
- Un desequilibrio intestinal puede asociarse con mayor inflamación y cambios en el estado de ánimo.
- No es “curar la depresión con yogurt”: es entender que el cuerpo opera como sistema.
Lo importante: qué sí dice la ciencia y qué no
La microbiota no es una explicación única de la salud mental. Pero sí es una pieza del rompecabezas: dieta, sueño, estrés, inflamación, hábitos y contexto social se conectan. En otras palabras: no reemplaza terapia ni tratamiento, pero sí puede mejorar o empeorar el terreno.
¿Qué sigue?
Lo razonable es bajar el tema a decisiones concretas: mejorar alimentación, regular sueño y consultar a especialistas cuando haya síntomas persistentes. Y, sobre todo, dejar de ver la salud mental como algo aislado “en la cabeza”, porque el cuerpo entero participa.





